Una dashcam no funciona sola: necesita una tarjeta que aguante la grabación continua y, si
quieres vigilar el coche aparcado, una forma de alimentarla con el motor apagado. Estos son
los cuatro accesorios que de verdad importan (qué hace cada uno y cuándo compensa). En cada
tarjeta tienes el enlace a su guía detallada, con los modelos y las recomendaciones.
¿Aún no la has instalado? Empieza por cómo montar la
dashcam paso a paso, sin desmontar nada.
El accesorio que más falla y el que más gente compra mal. La dashcam sobrescribe la tarjeta sin parar; una microSD normal no aguanta ese ritmo. Usa una de alta resistencia (high endurance), con la velocidad (V30/U3) y la capacidad máxima que admita tu cámara. Es la compra que más disgustos evita.
Guía de tarjetas microSD → La forma más discreta de alimentar la cámara con el motor apagado, imprescindible para el modo parking 24 h. Conecta a la caja de fusibles, sin cables a la vista. Debe llevar corte por bajo voltaje para no dejarte sin arranque, y el conector compatible con tu cámara (USB-C o Mini-USB). Requiere algo de maña.
Guía de kits hardwire → La alternativa más cómoda al hardwire: se enchufa al puerto de diagnóstico OBD-II bajo el volante, sin herramientas y de forma reversible (ideal en renting). Conviene que tenga corte por bajo voltaje y, a menudo, temporizador. Comprueba el conector de tu cámara y que el puerto quede accesible.
Guía de cables OBD-II → Lo más seguro para vigilar aparcado mucho tiempo sin tocar la instalación del coche: una batería independiente que recargas cuando quieras. Importan la capacidad (horas de parking), la química (en un coche al sol conviene LiFePO4) y que dé la tensión compatible. Muchas cámaras reciben 5 V por USB: no conectes 12 V a esa entrada.
Guía de baterías externas →
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